
Pequeño escrito que me salió como eructo en un día en que ya no sabía si masturbarme o leer:
“La compañía Yellow cab de taxis en L.A. está situada en el extremo sur de la Tercera calle. Hileras e hileras de taxis amarillos descansan bajo el sol en las explanadas. Está cerca de la Sociedad Americana contra el Cáncer. Yo había visitado la Sociedad Americana contra el Cáncer hacía poco, pensando que tendría consultas gratis. Tenía bultos por todo el cuerpo, desmayos, escupía sangre, y fui hasta allá; sólo conseguí que me dieran una cita para tres semanas más tarde. Como a todo buen chico americano, me habían dicho siempre: Agarra el cáncer a tiempo. Pero luego, cuando ibas a agarrarlo a tiempo, te hacían esperar tres semanas para una consulta. Esa es la diferencia entre lo que se dice y la realidad.
Después de tres semanas volví y me dijeron que podían hacerme algunos exámenes gratis, pero que podía pasar esos exámenes y no saber realmente si tenía cáncer o no. Sin embargo, si les daba 25 dólares y pasaba otro examen, podía estar bastante seguro de no tenía cáncer. Para estar absolutamente seguro, después de pasar el examen de 25 dólares, tendría que seguir con el examen de 75 dólares, y si pasaba también ese, podía estar tranquilo. Significaría que mi problema era de alcoholismo o de nervios o de taquicardia. Te hablaban con franqueza, bien clarito, aquellas gatitas con las batas blancas de la Sociedad Americana contra el Cáncer, y yo dije: en otras palabras 100 dólares. Uhmm, hum, asintieron, y yo salí y me sumergí en una borrachera de tres días y los bultos desaparecieron junto a los desmayos y los esputos de sangre
Cuando fui a la compañía Yellow Cab de taxis pasé por el edificio del cáncer y me acordé de que había cosas peores que andar buscando un trabajo que no deseabas. Entré y me pareció lo bastante sencillo, los mismos historiales de siempre, preguntas, etc. La única novedad fueron las huellas dactilares, pero yo sabía cómo dejarme tomar las huellas dactilares, así que relajé la mano y los dedos y los apreté en la tinta. La chica me felicito por mi destreza. No sabía que la había adquirido en las comisarías. El señor Yellow me dijo que volviese al día siguiente para las clases de aprendizaje, y Jan y yo celebramos por la noche” (1)
Del relato anterior me surgió esto sea lo que sea:
Muchas veces pensar si realmente lo que dice la televisión, los padres, la sociedad, las instituciones tiene sentido en relación con la existencia, la realidad muchas veces apesta, a pesar de que en todo momento parece haber una calma y una adecuación, pareciera que todo debe estar donde debería, las noticias son muchas veces aquel aparato mediante el cual demasiada realidad azarosa puede ser simplemente apagada.
La contingencia puede presentarse en forma de bultos y desmayos, la ciencia que proclama tener una respuesta para todo ( o al menos lo hizo desde la segunda modernidad hasta la bomba de Hiroshima, pobres científicos rascandose la cabeza pues su materia prima, la realidad, sigue fuera de sus términos observacionales) , se encuentra muchas sumergida en relaciones económico-sociales en las que uno de sus brazos, como lo es una institución de salud que debe atender lo que los dirigentes dicen que es gratis, supone que, para que haya certezas sobre el futuro se debe pagar, como lo es ir con un lector de cartas, la única diferencia es que con la ciencia siempre habrá algo que la haga válida, mientras que con la vidente queda a criterio del sujeto que cree en las oraciones que contienen su futuro por realizarse.
La lógica no rige el mundo, y por tanto, el ser humano está a merced de todo y todos, a excepción de sí mismo, lo que puede ser la diferencia entre vivir o morir es a veces cuestión de un “fulano” cuyo rostro, nombre e historia nos son tan ajenas que la posibilidad de que tenga en sus manos la vida de alguien se vuelve asunto de cada instante, desde el que se pasa en el retrete hasta el que se utiliza para ir a trabajar.
La t.v. dice: “Come pan Bimbo, y haz ejercicio durante 30 min. Cada día”, “Toma Sprite y sé tú mismo”, “La disfunción eréctil es normal, usa Mforce”, de esta manera queda el azar regulado por la máquina de verdades, mientras sigas sus recetas de vida podrás esperar un futuro prometedor y prolongado, que todo hombre tiene por destino la muerte queda relegado, ese fantasma puede ser evitado por las recetas de vida del programa “Hoy”, comer sano, ver t.v. moderadamente, ir al gimnasio, practicar yoga, ayudar al teletón cuyo fin es asistir a todas esas pobres criaturas cuyo destino fue producto del castigo de Dios y no del azar,“pensar positivamente” hacen de un ser humano un ser de provecho, alguien en quien la sociedad puede depositar todas sus esperanzas.
Se puede ver como los modos de ser están en función de cómo nos los dicta nuestra amada t.v., y por ello tanto la contingencia como el intento de creación de un “yo” diferente a esos modos preestablecidos quedan anulados por la certeza de la ciencia, de la purificación del hombre y claro, la t.v.
He ahí la crudeza de Bukowski, qué más queda que tomar como puedas lo que escupe el sistema, sino es en la certeza del dinero y la ciencia, sólo queda la certeza donde se deje hallar con una dosis de “pastillas para no soñar”.
Para concluir, una reflexión de Gilles Lipovetsky: “… no importa que opines de la t.v, mientras la sigas viendo”
(1) BUKOWSKI, Charles (2006) Factotum. Editorial Anagrama. Barcelona España. Pág. 151-152
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