viernes, 19 de noviembre de 2010

La ausencia del “yo”, viviendo del ideal yoico


La ausencia del “yo”, viviendo del ideal yoico

“Al descubrir que uno llevaba trece años
de existir sin saberlo. Peor aun: que los
otros lo sabían. Descubrirse descubiertos:
hay algo de común en el despertar de la
Conciencia individual, de la conciencia
Americana y de la conciencia poética.”
Gabriel Zaid

Este trabajo surge como un hastío general por el modo de hacer filosofía, psicoanálisis, ciencia, historia etc., así intentando dar un giro a la manera tradicional de redactar un texto se pretedende hacer algo “alternativo”, si no, tal vez explorar cómo hacer esa “forma de redactar” que tanto gusta tanto a catedráticos como estudiantes.
Aunque un buen reporte, ensayo o escrito técnico requiere para su correcta sintaxis de la ausencia del escritor, es decir, siempre en tercera persona, haciendo gala siempre de la “correcta manera de escribir” de esa elegante manera de expresarse sin recurrir nunca a ese molesto momento de proyección en el que se escapa algún “nos”, “me”, “he” etc. sólo lo usan los poetas o literarios, claro eso no es lo suficientemente técnico o filosófico como para aplicarse las mismas exigencias en un escrito presentable, de lo que, con lo dicho anteriormente se pone sobre aviso al lector para si bien no dejar pasar estas diferencia, sí hacer caso omiso en cuestiones estructurales.
Es probable que este trabajo no represente la bastedad teórica exigida a “el estudio, investigación que se exige a los alumnos”, pero para qué hablar de los otros, para qué seguir haciendo de esos autores un monumento en hojas y recuerdos, ahí tuve mi primer encuentro con mi yo ausente; un “buen” trabajo es el que haciendo gala de la bibliografía plasma la ausencia de sí mismo, se habla de lo que “el otro dijo”, me apropio de sus palabras y las reformulo en sentidos “válidos”, pero eso es sólo la muestra de la ausencia en la cual nos encontramos los individuos; el tema debería ser algo abstracto y con justificación teórica, y en efecto lo es, no se pretende una confesión al estilo de un psicoanalizado o un San Agustín (probablemente lo sea, no lo quiero admitir) , no, lo que se quiere mostrar es la ausencia del “yo”, de mi yo, para ello quiero mostrar cómo la transferencia me ha guiado a caminos escabrosos y placenteros, la transferencia, la maldita transferencia, primero me indujo a desacreditar toda materia que no estuviera en contacto con “el psicoanálisis”, luego una búsqueda interminable de la complacencia del maestro, de los amigos, los compañeros y por ultimo un intento de sincretismo extremo buscando a cada paso, cada lectura su conexión con “temas” que “tienen relación” con el psicoanálisis, así textos que van desde San Agustín hasta Charles Bukowski tuvieron su momento psicoanalítico.
Así, el adiestramiento recibido en la facultad de filosofía induce a una búsqueda de letras muertas que se intentan revivir una y otra vez hasta el cansancio, ahora se alega “lectura hermenéutica”, pero se sigue evadiendo la búsqueda personal, en este sentido es como el presente es forzado primero a buscar la erudición porque para “hacer” filosofía primero hay que tener autores que te respalden, como si alguno tuvo o tiene la intención de apoyarte, como si hubiese escrito para ayudarte, de nuevo mi ausencia se manifiesta, cómo se puede escribir si nadie escribe para sí mismo, qué eso que los maestros piden al alumno, se original, no copies, ¿no es algo absurdo pedir después de cinco mil años de pensamiento escrito algo de “originalidad”?
Cuando se está en clase, sólo puedo ser espectador, veo pasar al profesor, maestro, gurú, chaman, etc. lo que sea que signifique mi ausencia, la búsqueda de reconocimiento por citar autores desconocidos que, según el relator presenten relación con lo hablado, luego viene el desencanto, no soy yo, pero no me molesta, ahora tengo alguien a quien seguir, Nietzsche dijo: “es mejor un sentido cualquiera que la ausencia de todo sentido”, ¿tiene razón? ¿para qué preocuparse por mi ausencia? Si de todos modos tengo a mi mentor (en mi búsqueda interminable asumo que lo es, aun sin haberlo confrontado, pero es mi necesidad de sentido que me impulsa a asumir que me “ha” elegido) que me lo provee, que me dicta que hacer, ser y pensar, así cualquier sentido no es mejor que un sin sentido, se equivoca Nietzsche, es sólo un intento por dar algo análogo al sentido cristiano de vida, ¿realmente se puede tener un sentido? Claro que sí pero nunca se es propiamente el sentido como elección, estamos expuestos a padecer la transferencia como destino, no importa si tu guía es Dios, Marx, Ricky Martín o Juan Pérez, te encuentras a su merced, toda postura que proclame la libertad del hombre no ha leído a Freud, sigue pensando desde el cristianismo-judaísmo.
En una charla con un amigo nos decía: “el otro día entre a tal pagina y conteste un test de personalidad, resulta ser que no todos los encuestados obtienen la misma respuesta”, él parecía sorprendido, pero al mismo tiempo tenía una satisfacción enorme por saber que no era igual a los demás, claro se lo dijo una pagina diseñada sobre ciertos estándares y de los cuales habrá miles y miles que obtuvieron el mismo resultado, pero él nunca podrá conocer a todos esos miles, su ignorancia se vuelve negación de esos miles, y ésta en sentimiento de ser especial frente a la masa(cibernética). De nuevo ausencia del “yo” pero no parece importarle, ¿será que sólo yo soy tan narcisista?, que debo hacer cuando cada día salgo y me veo disperso en un mar de personas, estando en la escuela de nuevo la transferencia se me presenta como una cachetada, hay muchas formas de mostrar transferencia, mi transferencia ahora se vuelven los trabajos, las tareas, los exámenes, mejor manera de expresar que soy fiel seguidor, las lecturas se hacen pensando en el otro, nunca en mi, nunca en lo que yo quiero investigar, pero se hace, se buscan las frases mas rimbombantes para impresionar, ¿se entienden?, ¿expresan algo de lo que busco? no lo se , lo más probable es que no; a pero claro una sola mirada un solo gesto por parte del mentor exige ahora que me ve, que soy algo, porque el me mostró que sí existo en su horizonte, vienen los libros complementarios, se busca inmediatamente la manera de poseerlos en un intento fallido por poseer al mentor, los devoro pensando en el mentor, pero no está ahí, tengo que esperar a que me de la “verdadera” lectura, de nuevo nunca estoy “yo”; sino entrego la tarea no pasaré no sabrá que existo, mi tarea debe reflejar que soy alienado, primero usaré el material que el me ha dado como gracia divina, no cumpliré sus expectativas... horrible imagen en mi cabeza… si ya perdí a mi padre, ahora no lo dejaré a él, sino sólo me queda mi yo, pálida imagen frente a mi mentor, que me demostró que existo y por ende debo (imperativo categórico) hacerlo mi Dios.
Que pasa, tengo culpa, he faltado a su clase (s), no leí lo que nos pidió, me avergüenzo, no puedo verlo por miedo a no poder ser él, sólo soy yo, tristemente agacho la mirada esperando que no me vea, pero ocurrió algo, si me ve, ahora la culpa me carcome, me pone nervioso, no voy a entrar a su circulo si no leí a quien no entiendo aun, pero que mi mentor dice que es necesario y por ende ahora lo es para mí, curioso procedimiento este porque sino hay contacto verbal más allá de clase, cómo es que se que eso es lo que él busca, resulta que ahora me asumo como él en un extraño desenvolvimiento mental, soy dos personas al mismo tiempo y lugar, ¿y la física?, mi mente tiene que tomar dos posturas en torno a un mismo tema, pero la poca información que poseo me limita y me incita a “echar volar la imaginación” , tengo la construcción de mi mentor tengo su ideal, y ahora lo asumo y lo deseo, esto me impulsa a buscarlo, claro es mi ideal,| el mentor es quien no eres tú, debes ser él, sino, quién se fijará en ti.
Ahora sólo hablas de lo que se dijo en clase, todos mis conocidos ahora saben que leo psicoanálisis, cuando encuentro otro que no lee, “ha pobre aun no lee a Freud, no ha tomado clase con Bobadilla, no importa de todas maneras no entenderá, son cosas hechas para los elegidos”. Me he cansado, no puedo más, tantos mentores (padres) han absorbido mi libido, pero no importa, mi yo no es importante, lo importante está en los otros, cuando se acaba de entrar en la facultad el que cita autores merece respeto, claro yo no los he leído, lo más probable es que sean muy inteligentes sino no citarían con tanta facilidad autores desconocidos para los “nuevos”, después no importa son autores que se deben manejar , todos los compañeros que “son” inteligentes los han citado algo deben tener, de nuevo mi “yo” perdido en algún lugar que no soy “yo” detrás de autores que según dicen: “es que expresan mejor que <> lo que quiero decir”.
Como demonios lidiar con el ideal del yo que nunca soy yo, nunca lo he sido, probablemente nunca lo seré, sigo perdido en la construcción que hicieron de mí, como el caso de mi amigo son los demás los que me dicen: claro tú eres hippie, eres buena onda, eres tímido, eres distraído, eres culero, etc. , pero y quién demonios es ese “eres”, si no hay un sujeto soy lo que los demás dicen, aprehendo lo que es, fue mi figura autoritaria, un mito que sigo sin saber que esta ahí, ese “eres” está dirigido a ese mito, ese ideal del yo, pero ¿y mi yo?, ahora me doy cuenta que lo he estado buscando, lo malo es que lo busque en la parte racional, y por ende en la construcción que hicieron de mi, después conforme fui adquiriendo nuevos “eres” me di cuenta que no era ahí donde se debía buscar, Freud dio la clave, lo inconciente, lo oculto, esa parte que no ha sido estudiada a fondo antes que él, pero que a consideración de algunos está mencionada o descrita en diferentes pensadores. Pero, cómo accedo a ese verdadero yo, he aquí el punto de quiebre, donde este trabajo encuentra su limite, la respuesta que por ahora he encontrado es refugiarme en la ontología, se que ahí debe estar, he tenido llamados que no supe interpretar como el de voces, visiones, incluso el padecimiento de la llamada “subida del muerto” o al paranoia ante el “sistema”, ante lo cual me he visto en una necesidad, partiendo de la teoría psicoanalítica de la división de conciente, inconciente y súper yo, a buscar el origen de la represión que me obligó a seguir determinados caminos del devenir de mi ser, esta búsqueda no está encaminada a buscar la substancia, sino los mismos “caminos”, es decir ese mito creador de mi yo.
En esa búsqueda del mito creacionista, que es el mío, tuve eventos (llámesele suerte, ocurrencia, método, brujería, como se quiera) en el que el éxtasis en el cual me puedo encuentrar sin razón, sin prejuicio, sin ese “eres” acosándome, una mezcla de flor de cañamo, música reggae y silencio del mundo ha logrado ese encuentro en mi interior, el problema es que no he logrado mitificarlo, es decir, darle ese sentido ontológico a falta de tradición, lograr volverlo algo existente, en encontrarme y dejar esa búsqueda de ideales del yo, imponerme mí propio mito a mi “eres”, las lecturas hechas hasta esta fecha sugieren que el mejor camino es un estado extremo de la psique, lo más probable es que se a través de una droga o una esquizofrenia , claro acompañado de una creencia metafísica (religiosa) debido a que ese sentido místico es dado siempre desde afuera.
Claro está que no se busca un expresión en sentido racional, sino como cualquier tipo de expresión, ya sea musical, oral, escrita, física, lírica, no importa, es decir, y retomando lo leído en el texto de J. Campbell una expresión que de sentido, y sentido desde mi yo, aun sabiendo que la transferencia seguirá haciendo de mi un mera instrumento del narcisismo de otro, siempre podré (esa es la finalidad de esta búsqueda) retrotraerme en mi mito.




Bibliografía

CAMPBELL, Joseph (1993) Los mitos su impacto en el mundo actual. Editorial Kairós. Barcelona España

FREUD, Sigmund (1973) Obras completas de Sigmund Freud Tomo II. Editorial Biblioteca nueva. Madrid España

FREUD, Sigmund (1973) Obras completas de Sigmund Freud Tomo III. Editorial Biblioteca nueva. Madrid España

NAVARRETE, Federico OLIVIER, Guilhem (2000) El héroe entre el mito y la historia. Editorial UNAM. México. México D.F.

LÉVI-STRAUSS, Claude (1995) Mito y significado. Editorial Alianza. Madrid España

Xalapa, Ver., 18 de enero de 2008




No hay comentarios:

Publicar un comentario