martes, 8 de junio de 2010

Razón, locura y libre mercado



Razón, locura y libre mercado

“Humanidad eres una enferma hija de puta.”
C. Bukowski
“El subdesarrollo no es una etapa del desarrollo.
Es su consecuencia”
E. Galeano

Qué se espera cuando se pide una reflexión sobre un tema que ha sido abordado desde la filosofía, economía, psicología, psicoanálisis etc. y que sigue dando sobre que reflexionar, es sin duda un tema cuyo desenvolvimiento histórico ha fascinado tanto, como horrorizado sociedades tan ajenas como la azteca, egipcia o europea renacentista y tan contemporáneas como el México neoliberal en plena estanflación, hablar sobre algo como la “razón” no es nada nuevo, la sociedad es algo en boca de todos, y locura ha tomado tan variados sentidos que el termino incluso llega a denominar a aquel individuo que se dice enamorado, o aquel que no teme represalias sociales por cambiar ciertas modas, por ello la pretensión del presente texto es explorar el significado de locura, hecho lo anterior establecer un vinculo entre ésta y sociedad capitalista, para mostrar que no es un accidente inherente al hombre, sino más bien como producto de una sociedad “racional” que necesita de un modo de exclusión para el que no siga la lógica de la acumulación, y pasar por ultimo a la problemática de los países llamados subdesarrollados o en vías de desarrollo que, son los que padecen de locura por lo general, y que permanecen en estado de lucha contra el imperialismo.
Un titulo como el que precede el presente trabajo es muy sugerente, así como pesado a la hora de releerlo debido a su pretensión de emparentarlos, al ubicar tres términos cuyo significado es tan variado y por ello tan indefinido. Sin embargo algo que llama la atención a primera vista es que pareciera que dos de los tres están dentro de la misma sintonía(es decir: razón y sociedad capitalista), mientras locura es sólo un accidente que la raza humana ha tenido que cargar desde la civilizaciones milenarias como la egipcia, china etc.; de hecho pareciera que cada uno por sí mismo (razón y sociedad capitalista) termina ligado uno al otro, dado que por ser herederos de la tradición racionalista francesa ilustrada y la empirista liberal inglesa asocian ciertos ideales de hombre con características de éste, cuando se lee “razón” leemos conciencia, ciencia, técnica, evolución, lenguaje, lógica, libre mercado, civilización; en resumidas cuentas vemos en esta palabra la cúspide evolutiva natural y socialmente.
Cuando se lee sociedad capitalista no podemos más que adherirle inmediatamente calificativos como racional, ética, leyes positivas, acuerdos, libre mercado, etc., en pocas palabras sociedad lleva implícitamente todo lo racional que el hombre ha creado y puede crear, es un espacio donde el hombre puede desenvolverse con tanta naturalidad como lo haría cualquier otro animal en su manada, jauría, etc.
Sin embargo, cuando se pasa al término locura se presenta algo diferente, si bien la razón ha expresado en hombres como Kant, Aristóteles, Sto. Tomas etc. su potencial como herramienta útil para dominar o entrelazar la naturaleza con el hombre y mujer, con la locura se ve el lado opuesto, Foucault es un autor que muestra hasta qué época la locura fue vista como experiencia más allá de la razón, no como opuesta sino solamente como aquello que proporciona una visión diferente de la realidad, sin embargo a partir del cogito cartesiano locura aparece como aquello que no entra en el hombre, debido a que:
“no se puede suponer, ni aun con el pensamiento, que se está loco, pues la locura justamente es condición de imposibilidad del pensamiento”
y que, posteriormente acarrearía un prejuicio contra todo aquel “loco” al que precisamente le impida ejercer su “razón” en provecho y de acuerdo a como la sociedad lo necesita.
Pero, ¿realmente el “loco” tiene ese impedimento? cuando Descartes inició el periodo conocido como modernidad europea no sólo hizo ver que el “yo” forma parte esencial en la cotidianidad del hombre, sino que estableció de manera involuntaria la identificación entre civilizado y razón, y debido a ello surge la imposibilidad del “loco” para ser tratado como hombre, después de todo sino hay cogito cómo puede exigírsele civilidad a esa persona. Así, civilización va a ser ahora el resultado de la Razón, y a la falta de comportamientos racionales y civilizados se le debe calificar como locura.
Por lo que, como lo muestra Foucault toda la historia posterior se enfoca a la reclusión de estos “imposibilitados” por su condición de no civilizados, que algún poder sobrehumano les ha dado por castigo, y que ahora, la sociedad del “libre mercado” les impone por carecer de esas muestras de entender los nuevos mandamientos, a saber, las “leyes naturales” de la economía, en los cuales el consumo viene a ser uno de los nuevos mandamientos del hombre y que deben ser medidos bajo una lógica capitalista en la cual no caben hombres improductivos y no consumidores en los nuevos mercados, aunque de manera indirecta puedan servir de evasores fiscales, ya sea el caso del Teletón o cualquier programa social de alguna empresa privada, el cual como lo dice el autor francés, sirva a la vez de nueva “nave de locos” sólo que ahora su sola exclusión social no es suficiente, en su improductividad deben generar ganancias.
Cuando se hizo esa identificación entre razón y civilización, locura no sólo designa una “enfermedad mental” sino que ahora entra en este término cualquier persona cuyo fin dentro de la sociedad no sea la impuesta por ésta, es decir, que no sirva a la lógica capitalista, identificado con esta lógica, es como se ha hecho una falsa idea de sociedad democrática capitalista como fin de toda sociedad, Fukuyama llamó el fin de la historia a la caída del sistema soviético y el aparente triunfo del capitalismo en su fase neo-imperialista llamada globalización, una de las muchas máscaras de la locura es la identificación de cualquier sistema político-económico que vaya en contra de la lógica capitalista, ya sea el colectivismo burocrático o el totalitarismo fascista; lo que se quiere señalar es el hecho de que locura ahora ha dejado de ser un padecimiento involuntario (racionalmente) sino un acto voluntario llevado a cabo por razones irracionales. Lo que se puede decir es que locura tiene ahora dos sentidos, uno como enfermedad mental (que no se aborda en este trabajo), y otro como llevar a sus últimas consecuencias razones irracionales, por ello la necesidad de una estructura político-económica que excluya toda estructura diferente.
Tal como lo indicó Erasmo, la locura:
“procede de Pluto, soberano de las riquezas, padre de los dioses y de los hombres…Pluto, que ahora como antes trastorna por completo igual las cosas sagradas que las profanas… que maneja a su antojo los imperios, los tratados, los gobiernos, la justicia, las leyes, la paz, la guerra, los matrimonios, lo alegre, lo triste…y en fin todos los asuntos públicos y privados de los hombres…”
Por ello es una categoría aplicable a toda lógica no capitalista, quién mejor para excluir a lo diferente que aquel que se autoproclama el más civilizado y avanzado del mundo, el mismo autor citado anteriormente vivió en carne propia las consecuencias de ir contra el sistema que exige lealtad ciega en sus designios.
De esta manera, se pretende mostrar cómo locura no es exactamente un término exclusivo de la psicología, es decir, cuando se habla de razón por lo general dentro de este término no cabe el mínimo de asociación con cuestiones tales como maldad, destrucción, odio, etc. debido a que aún se arrastra (al menos en occidente) esa tradición que se mencionó en paginas anteriores y que confía plenamente en ser guiada por la racionalidad, y por ende siguiendo este camino no se podrá errar, cómo puede ser que un don dado por Dios u otro ser todo poderoso (que curiosamente se le denomina “nuestro padre”) pueda contener en sí mismo maldad, esto ha llevado a una gran parte occidental del planeta a separar entre lo malo, y por tanto no racional (locura) y lo racional, bueno en sí mismo.
Ahora bien, a esto hay que agregar que el término “normal” dentro de la cotidianidad, es necesario para excluir al indeseado, para ello se dice que aquel que atente contra la lógica del sistema es “anormal”, no seguir con rigor las ordenes de la caja negra es atentar contra el orden establecido, por ello:
“la desintegración del valor de la verdad. Los medios de comunicación gozan de una amplia dispensa, y de una forma muy especial, en lo que respecta a su responsabilidad hacia la verdad. Lo importante no es que los medios de comunicación mientan (<> presupone estar comprometido con la verdad); mezclan, más bien, verdades y medias verdades con omisiones, informaciones de hechos con comentarios y juicios de valor, información con publicidad y propaganda”
Así es, como se establece dentro de una misma sociedad la exclusión, y se disfraza la enajenación por parte de la cúpula en el poder estatal, ahora toca el turno de revisar el proceso de exclusión entre países.
Una de esas relaciones entre racional y bueno antes mencionada es la que se impuso entre capitalismo democrático y hombre racional que será explicado a continuación, pues si bien con la consolidación del liberalismo en Europa y el auge del mercantilismo y su transformación en capitalismo industrial en los siglos XVII, XVIII y XIX, Europa por fin logra volverse centro de la economía mundial, y aunado a ello el poder militar se ve ejemplificado en el colonialismo de todo el globo; dado que Inglaterra y Francia apuestan a la universalidad de sus estructuras políticas y sus construcciones sociales, éstas son impuestas en toda colonia bajo sus dominios, excluyendo al mismo tiempo cualquier otro modo de producción u organización social, como ejemplo de la supuesta superioridad de los europeos ponen de relieve su desarrollo tecnológico y sus organizaciones políticas que dicen, son las más civilizadas del mundo.
Para ello usan de bandera el libre mercado, que según su visión del mundo es lo único que genera progreso, además
“la necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta a otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones”
Aunque estas “relaciones” no son de igual a igual, que mejor ejemplo que los tratados de libre comercio firmados por la oligarquía mexicana o la apertura de Irak a la democracia y el libre mercado por G. Bush y sus marines.
Los países que en el siglo XIX y XX lograron independizarse de Europa no entienden que una de las consecuencias directas de su letargo de dominados es la sumisión de sus países a largo plazo de sus procesos sociales y económicos, es decir, que America latina, Asia y África sean periferias o semi-periferias no es producto de la casualidad o de su origen no europeo, sino que son producto directo de la riqueza de Europa y su hijos directos: EE.UU. y Japón , mientras haya centros de concentración de capital es necesario que alguien alimente esas maquinas voraces de consumo, para ello utilizan el discurso de la superioridad de la civilización expresada, según afirman, en la democracia capitalista.
Ahora bien, los discursos de integración surgidos desde la teoría capitalista democrática o liberalismo hablan de una supuesta universalidad de sus conceptos, definiciones y propuestas filosóficas, políticas y económicas, es decir, la única solución a los problemas del mundo es la sumisión de toda sociedad a sus recetas capitalistas, su visión ideológica y sus construcciones sociales y teóricas, cualquier país que no siga al pie de la letra sus recetas sufre entonces de locura, o de estupidez crónica, que está directamente asociada a esa imposibilidad de ser racional, por ejemplo Marcuse habla de la sociedad industrial avanzada (léase EE.UU.) como aquella en la que se hace necesario el
“vocabulario adulterado… de acuerdo con la receta orwelliana de identidad de los contrarios: en boca del enemigo, paz significa guerra y defensa es ataque. Organizado de esta forma discriminatoria, el vocabulario define a priori al enemigo como malo en su totalidad y en todas sus acciones e intenciones”
Es, a través de este lenguaje adulterado como justifican su accionar sobre los países que han declarado que padecen de irracionalidad en sus sociedades, prueba de ello es el recuento histórico de algunos sucesos políticos en America latina:
“En 1954, los Estados unidos inauguraron la democracia en Guatemala, mediante bombardeos que acabaron con las elecciones libres y otras perversiones. En 1964, los generales que acabaron con las elecciones libres y otras perversiones en Brasil recibieron dinero, armas, petróleo y felicitaciones de la Casa Blanca. Y algo parecido sucedió en Bolivia, donde algún estudioso llegó a la conclusión de que los Estados Unidos era el único país donde no había golpes de estado, porque allí no había embajada de los Estados Unidos.
Esa conclusión fue confirmada cuando el general Pinochet obedeció la voz de alarma de Henry Kissinger, y evitó que Chile se volviera comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo”
Así es como se “cura” la locura en los países que no siguen la lógica del imperialismo capitalista, ejemplos como los anteriores podrían llenar cientos de hojas pero este texto no es una denuncia ante la ONU u algún tribunal internacional sino la expresión de un latinoamericano preocupado por su futuro, por ello se sigue con el escrito.
La corriente de pensamiento que al parecer fue creada para justificar el sistema capitalista es el liberalismo en sus vertientes inglesa y francesa, con mayor énfasis la inglesa-estadounidense, dentro de ésta, la idea que más se defiende es la de libertad, dado que desde los liberales clásicos hasta los neoliberales consideran que es el logro de la sociedad moderna, sin embargo hay que aclarar el por qué es el término clave de su justificación para la exclusión de cualquier otro sistema político-económico; para ello utilizan como base el objetivo de alcanzar la plena libertad humana, ésta es según dicen, la libertad económica, por ello el sistema que mejor permite la libertad económica es el capitalismo, porque atomiza a la sociedad pugnando por un individualismo amparado en la universalidad de la civilización occidental en vez de una comunidad, para ello necesitan que la sociedad civil sea quien tome las riendas del control de toda la sociedad, que mejor que hacer del Estado sólo un sirviente de los intereses particulares de unos cuantos:
“Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”
Ahora bien, la división de la sociedad entre quienes poseen mayor propiedad privada y quienes no, viene desde la teorización de la economía-política inglesa del siglo VXII, y es en este punto donde la teoría liberal clásica rompe con su ideal universal de libertad, dado que sólo es posible hacer libres a unos cuantos, los proletarios debe dejarse guiar y someterse a su esclavitud voluntaria, incluso el padre del liberalismo clásico, y por ende, dicen el paladín de la lucha por la libertad, John Locke, en la sociedad moderna, sólo auguraba a la clase trabajadora un futuro de esclavo en la sociedad capitalista. No hay pues, universalidad en sus conceptos, definiciones y propuestas filosóficas, políticas y económicas, todas apuntan sólo a una justificación de la desigualdad en la sociedad capitalista, su aplicación es únicamente a una parte de la población, o incluso a un tipo de hombre, esto es, el hombre europeo.
Ese hombre “no europeo” necesita de sus colonizadores para poder sobrellevar las riendas de su futuro, para ello dejaron en cada país ex-colonial instituciones que preserven su ideología y sus formas de exclusión de los “locos” que siguen en pie de lucha ante sus invasores, por ello se decía en hojas atrás la necesidad de mantener el control de los medios de comunicación masiva, el vocabulario adulterado, el control del poder público, el posicionamiento en el centro de la sociedad para poder definir a los “nuevos locos” que no siguen el orden establecido, por ello la lucha contra el imperialismo capitalista no sólo es de tipo militar, sino también ideológico, a ello apela José Martí cuando dice:
“trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”
porque sabe que el colonialismo deja en las sociedades y personas una ideología de colonizados, como lo llama Franz Fanon, sabe que la lucha por expulsar no sólo la presencia militar del colono sino las ideas, la mentalidad, la división social que deja atrás es algo contra lo que se debe combatir desde el comienzo:
“en las sociedades de tipo capitalista, la enseñanza, religiosa o laica, la formación de reflejos morales transmisibles de padres a hijos, la honestidad ejemplar de los obreros condecorados después de cincuenta años de buenos y ejemplares servicios, al amor alentado por la armonía y la prudencia, esas formas estéticas de respeto al orden establecido, crean en torno al explotado una atmosfera de sumisión y de inhibición que aligera considerablemente la tarea de las fuerzas del orden”
De esta manera es como el sistema capitalista utiliza la relación que establecieron entre civilizado, racional y sociedad capitalista para eliminar toda propuesta diferente, además de usar el vocabulario adulterado, la locura y sus supuestas estructuras universales que excluyen a todo aquel individuo que se atreve a criticar el orden establecido, o que lucha contra el colonialismo desde cada trinchera ideológica.






Bibliografía

GALEANO, Eduardo (2009) Espejos, Una historia casi universal. Editorial Siglo XXI. D.F. México.

FANON, Franz (1971) Los condenados de la tierra. Editorial FCE. D.F. México

FOUCAULT, Michel (2002) Historia de la locura en la época clásica I. Editorial FCE. México. México D.F.

MARCUSE, Herbert (1981) La agresividad en la sociedad industrial avanzada. Editorial Alianza. Madrid España.

MARTÍ, José (1977) Política de nuestra América. Editorial Siglo XXI. D.F. México

MARX, Karl (1970) El manifiesto comunista. Editorial Edivisión. Madrid España.

ROTTERDAM, Erasmo (2002) Elogio de la locura. Editorial Gernika. México. México D.F.


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